viernes, 25 de agosto de 2017

The Defenders, los villanos, y la ficción como herramienta de interpretación

Terminé de ver The Defenders hace un par de días y el sentimiento general que me inspiró fue este:

Transcripción: "Unpopular opinion: me gusta más cuando en las series de superhéroes (sic.) los malos no tienen superpoderes sino que son malos de la vida real."

1. Héroes, villanos, y cómo diferenciarlos

Partamos de lo básico. Para mí, lo que diferencia a los héroes de los villanos no es que los héroes siempre tomen las decisiones correctas ni que sean moralmente perfectos, sino su deseo por hacer lo que está bien y su capacidad de empatizar. Por ejemplo, mi superhéroe favorito es Daredevil, que hace muchas cosas mal y se plantea muchos dilemas morales pero que, en el fondo, quiere que la gente de su barrio no tenga que vivir rodeada de los peligros asociados al crimen. 

De la misma manera que no me gustan los villanos con superpoderes ni las organizaciones criminales, tampoco me hace especial gracia que el héroe tenga unos poderes exageradamente extraordinarios. Si me gusta que los villanos sean realistas, también me gusta que lo sean los héroes. No es ninguna sorpresa que, en los 90, mi X-Men favorito fuera el que echaba rayos láser por los ojos: Cíclope. El bueno de Scotty lo más que hace es quitarse las gafas y romper cosas, pero cuando se le cansa la vista tiene que ponérselas otra vez.

2. Rompiendo una lanza a favor de villanos realistas: mis villanos favoritos

Cuando estaba en primaria, mi padre me regaló tres tomitos de una reedición que hicieron de Daredevil. Me los leía una y otra vez en bucle, porque me encantaban tanto él como los malos a los que se enfrentaba: un señor vestido de rana con muelles en las zapatillas y un viejo con una capa que se llamaba a sí mismo El Búho. Son villanos sin habilidades especiales que, sin embargo, consiguen que te intereses por sus historias y por sus ambiciones. Volviendo al universo de The Defenders, que es el que me inspiró esta reflexión, mis villanos favoritos han sido Wilson Fisk, Mariah Dillard y Kilgrave. Los dos primeros no tienen ningún superpoder. Os explicaré lo de Kilgrave en un momentito.

Descripción: Fisk, a la derecha, vestido de negro. Vanessa,
a la izquierda, de blanco. Se están sonriendo el uno al otro.
Hay una pared blanca. Detrás de Fisk hay un cuadro,
detrás de Vanessa unas cortinas. 

Fisk y Mariah son unos villanos maravillosos, cada uno a su manera. Fisk es moralmente ambiguo. Es una bestia parda, fuerte como un toro y extremadamente violento con las personas que se oponen a él, pero tiene un lado tierno y protector. Posee la capacidad de ser absolutamente despiadado y al instante volverse infinitamente tierno y protector. Si es capaz de sentir empatía o no es un tema que merece ser debatido, pero al menos muestra ternura y es vulnerable. Haciendo spoilers del final de la primera temporada de Daredevil, la manera que tienen de hacer que salga de su escondite y conseguir atraparlo y mandarlo a la cárcel es, precisamente, secuestrando y amenazando a la única persona a la que quiere. 

Mariah, por el contrario, es una villana absolutamente despiadada. Ambiciosa y sedienta de poder, hará todo lo que necesite para llegar a lo más alto. Es una mujer moral y políticamente corrupta. Si con Fisk uno se pregunta si es empático o no, con Mariah la pregunta no tendría sentido. Es cierto que cuando (spoilers) asesina a Cottonmouth está visiblemente conmocionada y muestra remordimientos. Sin embargo, estos sentimientos están inscritos en el texto de manera ambigua. No sabemos si está conmocionada por lo que ha hecho o por la visión de la sangre y la violencia. Tampoco sabemos si muestra remordimientos por haber matado a su primo o por las consecuencias que este asesinato puede tener.  
Descripción: Mariah, con una camiseta negra con flores rosas y verdes,
delante de unas escaleras que llevan a unas puertas antiguas. El edificio
es de piedra.
Mariah me resulta especialmente fascinante porque muestra la cara más amarga de los humanos, una crueldad suprema y absoluta, sin mostrar ni un ápice de duda, excepto en los momentos posteriores a cruzar el punto de no retorno. Después, vuelve a sumergirse en la seguridad absoluta en sí misma. Desde el punto de vista narrativo, es astuto que Mariah sea la villana de la primera temporada de Luke Cage, que establece a este personaje como el más empático y tierno de los cuatro Defensores. Quiere con todo su corazón y, literalmente, protege a las personas que quiere escudándolas con su propio cuerpo. Emplear un contraste entre alguien extremadamente cruel y alguien que lleva el corazón en la mano para definirlos a ambos es una excelente estrategia narrativa. 

Y por último llegamos a Kilgrave. Sé que he dicho que no me gustan los villanos con superpoderes, pero hago una excepción para aquellos cuyo poder es una hipérbole de una habilidad humana. Kilgrave es un manipulador emocional que abusa de las personas que tiene a su alrededor para conseguir lo que quiere. Lo único es que, además de serlo, tiene una habilidad que le permite manipular a aquellos que tiene a su alrededor de manera más efectiva. La manera que tiene de hablarle a Jessica es abusiva no solo por su superpoder, sino simplemente por lo que le dice. No estoy descubriendo la pólvora cuando os digo que la primera temporada de Jessica Jones es, habilidades sobrehumanas aparte, la historia de alguien intentando superar un relación abusiva.  


3. Nosotros somos los Defensores


Descripción: Kilgrave, en el centro, llevando una camisa
azul con el último botón abierto. Fuera de plano, a la
derecha del todo, se ve el brazo de Jessica y la manga
amarilla de un vestido. Kilgrave le está diciendo:
"Si no me escuchas, ¿para qué quieres las orejas?
¡Contéstame!"

Entiendo el atractivo que puede tener ver al héroe con el que nos sentimos identificados derrocar a alguien mucho más poderoso que él. Entiendo el atractivo que puede tener verlos derrocando a una organización criminal. El placer de ver a un solo hombre derrocar a algo más grande que él que nos hace daño a todos. Sin embargo, me resulta menos inspirador. Creo que la ficción es la manera que tenemos los humanos de interpretar el mundo en que vivimos. Cuanto más claramente podamos relacionar una metáfora con la realidad que representa, más nos sirve para reflexionar sobre el mundo en el que vivimos, más nos ayuda a comprenderlo mejor. 

Las historias sobre héroes y villanos son tan antiguas como nosotros. Las necesitamos para sobrevivir, para decirnos a nosotros mismos que no somos tan pequeños ni tan débiles como nos sentimos a veces. Una historia sobre alguien derrocando a una organización ancestral de ninjas inmortales no nos enseña nada. Ver a Jessica alejarse de Kilgrave, o a Luke enfrentándose a Mariah, hace que aprendamos a identificar ese tipo de personas y de situaciones. Y, con suerte, nos ayudará e inspirará a hacer lo mismo si, desafortunadamente, nos tenemos que enfrentar a ellas nosotros mismos. 

viernes, 11 de agosto de 2017

Los spoilers, la narrativa y la sorpresa.

Últimamente están saliendo críticas a la gente a la que no le gustan los spoilers, diciendo que entienden la ficción de manera errónea, dando más valor al shock que a la narrativa. Sin embargo, estas dos conceptualizaciones de la ficción no son incompatibles ni se niegan la una a la otra, sino que coexisten tanto como forma de crear historias como como forma de entenderlas. Pondré ejemplos de cada una para que sea más fácil de explicar y de entender.

Caso 1: se valora la narrativa sobre el impacto: Morte D'Arthur (Sir Thomas Malory, 1485) Me and Earl and the Dying Girl (Alfonso Gomez-Rejon, 2015).

Cuando lees este pedazo de tocho o ves esta película (sobre la que tengo sentimientos encontrados), sabes cómo van a terminar incluso antes de enfrentarte a la historia que cuentan. Y lo que prima no es, en este caso, la muerte de los personajes, sino las historias que nos conducen a ellas. Cómo lidian con lo que va a pasar, qué aprenden, qué ganan, qué pierden. 

Todos hemos leído, escuchado, o visto historias relacionadas con el Rey Arturo, mitad historia, mitad leyenda; el pilar sobre el que se sustenta gran parte de la narrativa medieval inglesa. Camelot, los caballeros de la mesa redonda, una paz que parece mágica. Morte D'Arthur, por tanto, se centra en una incógnita fundamental a esta ecuación: ¿qué pasará cuando muera Arturo? Esta recopilación de Malory cuenta infinidad de historias sobre los años de gloria de la corte del Rey Arturo y cierra con el ocaso de esta era dorada: su muerte. Pero lo importante no es que Arturo muera al final, sino las consecuencias que su fallecimiento tiene. Todo lo que Inglaterra era bajo su reino era así por él, de manera que, tras su muerte, la sociedad se desmorona: Camelot desaparece, los caballeros de la mesa redonda se difuminan por el mundo, Inglaterra queda sumergida en la guerra y en el caos. 

En el caso de Me and Earl and the Dying Girl, que también es un bildungsroman, vemos como el protagonista se enfrenta por primera vez a la muerte. Pero la película no gira en torno a esta, sino en torno a la amistad. La película enseña, o intenta enseñar, a ver más allá de la enfermedad y del dolor y a disfrutar de los momentos de felicidad, pero también a estar ahí cuando la gente a la que queremos está sufriendo. Lo que importa no es que Rachel muera al final, sino todo lo que pasa entre medias.  

Salvando las distancias, ambos textos tratan un mismo tema que no es la muerte en sí misma, sino las consecuencias que una muerte tiene a mayor o menor escala. No se valora el hecho de morir de la manera que sea, sino que se prima la narrativa, el qué hay más allá de la muerte, el legado que dejamos en este mundo.

Caso 2: Se valora el impacto sobre la narrativa: The Final Problem  (Arthur Conan Doyle, 1893) y Grey’s Anatomy (Shonda Rhimes, 2005-). Alerta: Spoilers.

Ahora todo el mundo sabe cómo termina The Final Problem, pero imaginaos que nunca lo habéis leído. Que no tenéis ni idea de cómo termina. Imaginaos que vivís en la Inglaterra del siglo XIX, que adoráis a Sherlock Holmes. Que se acaba de publicar y no podéis esperar a comprarlo o que os lo presten y leerlo. Ahora, imaginaos que alguien os cuenta el final. Escuece, ¿verdad? ¿Y por qué nos escuece esto pero no nos escuece saber que Arturo muere? Porque son dos formas diferentes de contar una historia. Mi argumento no es que en este tipo de historias no se dé valor a la narrativa, sino que el valor de la narrativa está al servicio del impacto, de ese momento en el que lees unas líneas y se te corta la respiración. Lo que diferencia estos dos tipos de historia y estas dos formas de contar algo es el corte que se hace en la narración. 

The Final Problem termina (alerta spoiler) con la muerte de Sherlock Holmes. Se cae por una cascada y el cuerpo desaparece para siempre. Sí, vale, a Conan Doyle lo acosaron tanto los fans que tuvo que resucitar a Sherlock, pero imaginaos que llegáis a las últimas líneas del relato y os dais cuenta de que todo termina ahí. Lo mismo pasa con Anatomía de Grey. Las muertes de los personajes siempre suceden al final de un episodio, que es cuando se genera la máxima tensión en las series. 

En este segundo tipo de historias, la muerte de los protagonistas es el clímax de la historia, no un suceso que desencadena las consecuencias en las que se centra la narración, como es el caso de Morte D'Arthur; o algo que sucede al final sin poder evitarlo pero que tiene menos importancia que todo lo que ha pasado antes, como es el caso de Me and Earl and the Dying Girl.       

En resumen, que la gente se queja de los spoilers con motivo. Incluso a mí, que doy mucha importancia a la manera en la que están contadas las cosas por muy impactantes que sean, me fastidian. Si algo está contado de manera mediocre y el único valor que tiene es el shock, me enfada que me quiten lo único bueno que tenía eso. Por ejemplo, alerta spoilers de Juego de Tronos y de Anatomía de Grey: la muerte de Oberyn me parece absurda y el único valor que tiene es el impacto y me hubiera fastidiado infinito que me la espoilearan, pero la muerte de Derek me gustó muchísimo aunque ya sabía que moría desde hacía meses porque ese capítulo está maravillosamente escrito. A veces importa lo que pasa, y a veces importa cómo te lo cuenten.