martes, 26 de julio de 2016

El Bildungsroman y el Absurdo

(Inspirada en lo poco que me gustan Palo Alto, Boyhood y The Virgin Suicides. Toda la entrada es un spoiler alert básicamente).

El Bildungsroman es un género literario característico del siglo XIX que narra el proceso mediante el cual la protagonista (porque normalmente suelen ser chicas, como Jane Eyre o las hermanas Bennett) deja atrás su niñez/adolescencia y se convierte en una persona adulta. Pero yo no he venido aquí a hablar de novela victoriana (mi tipo de novela menos favorita), sino del "nuevo" bildungsroman del siglo XXI: las películas de adolescentes, protagonizadas por personajes conocemos normalmente cuando están terminando el instituto y a punto de entrar en la universidad. En principio, no es un mal marco para la historia. Es completamente cierto que el último año de instituto suele marcar una especie de línea invisible entre quiénes éramos cuando lo empezamos y quiénes somos ahora. 

El problema que tienen estas películas es que no vemos realmente un antes y un después en el personaje psicológicamente hablando, porque no atraviesan ningún momento crucial que les haga darse cuenta de que han cambiado, de que se han hecho mayores. O, si lo atraviesan, no vemos sus consecuencias. Los vemos en su punto más bajo, pero no los vemos ascender ni darse cuenta de que han ascendido, que es lo que viene siendo el meollo del asunto cuando escribes un bildungsroman. Muy simplísticamente hablando, y sin consultar mis apuntes para no ponerme demasiado técnica por deformación profesional, un bildungsroman sigue este esquema:
  1. El personaje es de una forma.
  2. Al personaje le pasan cosas, normalmente cosas chungas.
  3. El personaje cambia y se convierte en una persona nueva y diferente.
Cojamos como ejemplo Jane Eyre (spoiler alert). Jane es la puta ama hasta que se enamora de Rochester tan perdidamente que, en el proceso, se pierde a si misma. Sin embargo, vuelve a retomar posesión de su ser cuando se da cuenta de que Rochester no es perfecto, y lo manda a tomar por culo. Y solo vuelve una vez que Rochester ha cambiado también. Jane ha pasado por un punto de inflexión que ha hecho que cambie, que se convierta en una persona diferente a quien era antes. En este caso, el esquema sería:
  1. Jane lo peta mogollón. 
  2. Jane se enchocha por Rochester y se anula a sí misma, pero se da cuenta de que es gilipollas y lo manda a la mierda.
  3. Jane es una persona nueva y diferente (aunque se convierta en una típica mujer victoriana y eso no mole, pero el caso es que cambia).
Todo esto no pasa en Palo Alto, en Boyhood ni en The Virgin Suicides. La segunda se repite en bucle una y otra vez hasta que acaba y te quedas en plan "poweno, 2h45min de mi vida gastados en esta mierda". En The Virgin Suicides, bueno, el título lo dice todo (spoiler alert). Las hermanas adolescentes ni siguiera llegan a madurar y a convertirse en personas nuevas porque la palman antes de lograrlo. Y además el libro está narrado desde el punto de vista de un chaval que las tiene endiosadas como si fueran ángeles, todo fatal. Y por último, Palo Alto es la peor de todas. Porque casi llega a donde debía llegar. April y Teddy pasan por situaciones difíciles, cada uno por la suya, por separado, y ambas tienen mucho potencial para hacerlos madurar, para que dejen la adolescencia atrás y se conviertan en jóvenes adultos, pero ambas se desinflan como un globo. Al final de la película, ambos están literal y metafóricamente en el mismo lugar en que empezaron, y nada ha cambiado.

En su defensa, no es su culpa. En el siglo XX, dicho así mal y pronto, este tipo de novelas se transformó y pasó a ser más novela de exploración psicológica que de desarrollo personal, rollo El Guardián entre el Centeno o La Campana de Cristal (obviamente no en todas, que es por lo que me encanta Sé por qué canta el pájaro enjaulado). No son solo los cineastas y novelistas de ahora los que escriben un bildungsroman que no lleva a ninguna parte, es más su herencia literaria que su invención.

Pero no pueden (no podemos) utilizar eso como excusa, especialmente cuando vivimos en un mundo tan horrible que nos guía a ser cínicos. Porque la realidad no es así. La realidad es que realmente cambiamos, que nos damos cuenta de que lo hacemos, y deberíamos escribir historias que lo enseñaran al mundo. Porque, por muy cínicos que seamos o queramos aparentar ser, la verdad es que es imposible no percibir que el mundo cambia, que nosotros cambiamos, y que no pasa nada por crecer. Que probablemente lo mejor de crecer es darte cuenta de que ya no eres un adolescente. De que la vida sigue.